El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias]
El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias] Con esfuerzo me alcé hasta la ventana, agarrándome de los barrotes y poniendo los pies sobre un anaquel. Presione el rostro contra las junturas de la ventana para al menos respirar algo de aire fresco.
Así permanecí hasta que comenzaron a temblarme las rodillas. Una niebla monótona y gris se cernía ante mis ojos.
Los barrotes fríos sudaban.
Pronto sería medianoche.
Oía cómo roncaban detrás de mí. Sólo uno parecía no poder dormir: se daba una y otra vez la vuelta en el catre y gemía de vez en cuando.
¿No iba a amanecer nunca? ¡Volvió a sonar el reloj!
Conté con labios temblorosos:
¡Uno, dos, tres! Gracias a Dios, tan sólo unas horas y amanecería. Siguió tocando:
—¿Cuatro? ¿Cinco? El sudor corrió por mi frente… ¡seis!, ¡siete!… ¡eran las once!
Tan sólo había transcurrido una hora desde la última vez que había oído tocar las campanas.
Poco a poco se fueron ordenando mis pensamientos: