El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias]
El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias] Una vez que mis ojos se habÃan acostumbrado a la oscuridad, vi que en tres de los catres —el cuarto estaba vacÃo— estaban sentados hombres con trajes de presidiario: con los brazos apoyados en las rodillas y los rostros enterrados en las manos. Ninguno decÃa una palabra.
Me senté en el camastro vacÃo y esperé, esperé y esperé.
Una hora.
¡Dos… tres horas!
Cada vez que oÃa un paso fuera, me sobresaltaba:
Ahora, ahora vienen a sacarme, a llevarme ante el juez de instrucción.
Pero siempre era una ilusión. Una y otra vez se perdÃan los pasos en el corredor.
Me abrà el cuello de la camisa, creà que me iba a asfixiar.
Oà cómo un presidiario tras otro se echaba con un suspiro.
—¿No se puede abrir la ventana de arriba? —pregunté desesperado en voz alta en la oscuridad. Casi me asusté al oÃr mi propia voz.
—No se puede —me respondió alguien de mal humor desde uno de los catres de paja.
Pese a todo, tanteé a lo largo de la pared: una tabla a la altura del pecho… dos jarras de agua… trozos de pan.