El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias]
El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias] Seguro que mañana estaría ya en libertad, al menos el tribunal habría ordenado la detención de Wassertrum como sospechoso de asesinato.
Conté las horas y recé para que pasaran con más rapidez; fijé mi mirada en el negro vaho.
Después de un tiempo indeciblemente largo, comenzó a clarear y, al principio como una mancha oscura, luego con cada vez mayor claridad, emergió de la niebla un rostro enorme y broncíneo: la esfera de un antiguo reloj de torre. Pero faltaban las manecillas… un nuevo tormento.
Tocó las cinco.
Oí cómo los presos se despertaban y, bostezando, comenzaban a hablar en checo.
Una voz me resultó familiar; me volví, bajé de la ventana y… vi a Loisa, el picado de viruela, sentado en el catre situado frente al mío, mirándome asombrado.
Los otros dos eran tipos con rostros resueltos y me miraron con desprecio.
—¿Defraudador, no? —preguntó uno de ellos a media voz a su camarada y le dio con el codo.
El preguntado murmuró algo despreciativo, rebuscó en su catre, sacó un papel negro y lo puso en el suelo.
Derramó algo de agua sobre él, se arrodilló, se reflejó en él y se peinó el pelo con las manos.