El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias]
El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias] Todos los días, cuando anochecía, oía en la lejanía el ruido de un coche y me rompía la cabeza pensando quién podía estar en él.
Había algo extraño en el pensamiento de que había personas allá fuera que hacían y dejaban de hacer lo que querían… que se podían mover libremente y que se iban a un lado o a otro sin ni siquiera sentir por ello un indescriptible júbilo.
Era incapaz de imaginarme que alguna vez pudiera volver a ser tan feliz y pasear por las calles bajo el brillo del sol.
El día en el que había mantenido a Angelina entre mis brazos parecía pertenecer a una existencia ya lejana, lo recordaba con una ligera melancolía, como cuando se abre un libro y se encuentra en él una flor marchita que una vez llevó la mujer amada de los años juveniles.
¿Se seguirían sentando noche tras noche el viejo Zwakh y Prokop en el «Ungelt» y seguirían volviendo loca a la escuálida de Eulalia?
No, ya era mayo: el tiempo en que se iba por las provincias con su teatro de marionetas y representaba el caballero barbazul en las verdes praderas ante las puertas de las ciudades.