El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias]
El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias] Planteaba entonces preguntas al destino, de si seguía viva o no, si estaba enferma o sana, y el número de un puñado de pajas que saqué del jergón me tenía que decir la respuesta.
Y casi siempre «salía mal» y yo me revolvía en mi interior para lograr echar un vistazo en el futuro, intentaba engañar a mi alma, que me ocultaba el secreto, mediante la pregunta aparentemente distante de si aún vendría para mí un día en que pudiera estar de nuevo contento y reír.
En esos casos el oráculo siempre asentía y luego estaba feliz y alegre durante una hora.
Al igual que una planta crece inadvertida y echa flores, así había crecido en mí, lentamente, un amor profundo e incomprensible hacia Miriam, y no podía concebir cómo había podido estar sentado y haber hablado tantas veces con ella y no haberme dado cuenta ya entonces de ello.
El trémulo deseo de que también ella pensara en mí con los mismos sentimientos, se elevaba en esos instantes hasta la certeza, y cuando oía pasos en el corredor exterior, casi temía que me recogieran y pusieran en libertad, quedando así destruido mi sueño en la grosera realidad del mundo exterior.
Mi oído en el largo tiempo de encierro se había sensibilizado tanto que percibía el más mínimo ruido.