El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias]
El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias] —¡Asà le sacarán de la celda! —me aclaró el bello Wenzel—. ¡El doctor Rosenblatt es un criminal! Si uno ya no tiene cabeza, Rosenblatt sigue diciendo que está sano como una rosa. Tan sólo tiene respeto por la epilepsia. Si a uno le sale bien, le lleva a la enfermerÃa, y desde allà escaparse es un juego de niños —habló en un tono misterioso—, los barrotes en la enfermerÃa están limados y sólo fijados con un poco de barro. ¡Es un secreto del Batallón! Tan sólo necesita esperar un par de noches y prestar atención, tirarán una cuerda desde el tejado hasta la ventana, saque sin hacer ruido los barrotes para que nadie se despierte, introdúzcase en la cuerda hasta que quede por debajo de los brazos y nosotros le izaremos hasta el tejado. Luego le pasaremos al otro lado y le dejaremos en la calle, ¡y ya está!
—¿Por qué he de escaparme de la prisión? —objeté con timidez—, soy inocente.
—¡Ése no es ningún motivo para no fugarse! —me refutó el bello Wenzel y abrió desmesuradamente los ojos por el asombro.
Tuve que emplear toda mi elocuencia para quitarle de la cabeza ese temerario plan que, como él dijo, era el resultado de una decisión del Batallón.
Que yo renunciara al «don de Dios» y prefiriera esperar hasta que me liberaran, era algo incomprensible para él.