El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias]
El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias] «Déjame Déjame. Déjame».
Los días siguientes transcurrieron sin que le prestara atención tampoco él rompió el silencio.
Su comportamiento siguió siendo muy amable. En cuanto quería pasear de un lado a otro, me lo notaba enseguida y retiraba con cortesía los pies sentado en el catre para no estorbarme el camino.
Comencé a hacerme reproches por mi grosería, pero ni con la mejor voluntad podía liberarme de mi aversión hacia él.
Por mucho que había esperado acostumbrarme a su presencia, no podía.
Incluso los días siguientes permanecí despierto. Apenas dormía un cuarto de hora seguido.
Noche tras noche se repetía con exactitud el mismo proceso: él esperaba respetuoso hasta que yo me había echado, se quitaba entonces sus ropas, las doblaba con pedantería, las colgaba, etc., etc.
Una noche —debían de ser las dos— estaba muerto de sueño ante la ventana, miraba fijamente la luna llena, cuyos rayos se reflejaban como aceite brillante en el rostro broncíneo de la torre, y pensaba con tristeza en Miriam.
De repente oí entonces una voz detrás de mí.
Me desperté por completo y quedé vigilante. Me volví y escuché.
Pasó un minuto.