El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias]
El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias] —¡Henoch! ¡Henoch!
Enseguida reconocà a Hillel.
—¿Eres Hillel?
Ninguna respuesta.
Recordaba haber leÃdo que no se debÃan dirigir las preguntas a los oÃdos de los durmientes para hacerles hablar, sino hacia el plexo nervioso de la fosa epigástrica.
Asà lo hice:
—¿Hillel?
—¡SÃ, te oigo!
—¿Está Miriam sana?, ¿lo sabes todo? —le pregunté deprisa.
—SÃ, lo sé todo. Lo sabÃa desde hace tiempo. No te preocupes, Henoch, y no tengas miedo.
—¿Puedes perdonarme, Hillel?
—Ya te digo: no te preocupes.
—¿Nos volveremos a ver pronto?
Temà no entender la respuesta, ya la última frase sólo habÃa sido un hálito.
—Asà lo espero. Quiero esperarte… si puedo… luego he de… paÃs…
—¿Adónde? ¿A qué paÃs? —casi caà sobre Laponder—, ¿a qué paÃs?, ¿a qué paÃs?
—PaÃs… Gad… al sur… Palestina…
La voz se perdió.