El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias]
El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias] Son de un color gris azulado, salpicados de un polvo brillante, sobre los que reflexiono y reflexiono y con los que no sé qué hacer, luego se tornan negros con manchas amarillas azufrosas, como si fueran los intentos petrificados de un niño de modelar toscas salamandras moteadas.
Y yo quiero arrojar lejos esos guijarros, pero una y otra vez se me caen de la mano y no puedo hacerlos desaparecer de mi vista.
Todas aquellas piedras que han desempeñado algún papel en mi vida, surgen a mi alrededor.
Algunas se esfuerzan con torpeza por abrirse camino en la tierra hacia la luz, como grandes cangrejos de color pizarra cuando sube la marea, y como si pusieran todo su empeño en atraer mi mirada para decirme cosas de importancia infinita.
Otras, agotadas, vuelven a caer sin fuerzas por sus agujeros y renuncian a poder tomar alguna vez la palabra.
A veces salgo de la penumbra de estos ensueños y veo de nuevo por un instante la luz de la luna, posada sobre el abombado pie de mi cobertor, como una piedra grande, clara y plana, para, tanteando como un ciego, recobrar mi consciencia que se desvanece, buscando inquieto aquella piedra que me atormenta, que debe estar oculta en algún lugar entre los escombros de mis recuerdos y que tiene el aspecto de un trozo de grasa.