El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias]
El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias] De repente me encontraba en un patio oscuro y miraba, a través de un portal rojizo frente a mí —al otro lado de la calle estrecha y sucia—, a un buhonero judío apoyado en una bóveda, cuyo muro estaba rodeado de viejos trastos de hierro, herramientas rotas, planchas y patines oxidados y de otras muchas cosas muertas.
Y esta imagen tenía en sí la angustiosa monotonía que caracteriza a todas las impresiones que atraviesan a diario de esa misma manera y con tanta frecuencia el umbral de nuestra percepción, como si fueran vendedores ambulantes, sin suscitar en mí ni curiosidad ni sorpresa.
Comprendí que desde hacía largo tiempo moraba en ese ambiente.
Esta sensación tampoco dejó en mí ninguna impresión profunda, pese a oponerse a aquello que había percibido hacía poco y al modo en que había llegado hasta allí.
Se me ocurrió de repente, cuando subía los gastados escalones que llevaban a mi habitación y pensaba fugazmente en el aspecto grasiento de las piedras del umbral, que una vez debía haber oído o leído algo acerca de una extraña comparación entre una piedra y un trozo de grasa.