El rostro verde
El rostro verde —Cierto. Vivir y nada más no es suficiente, ¿no crees? No tienes ni la menor idea de lo atareado que estoy, y no me refiero a mis negocios y sociedades, de ello ya se encarga mi ama de llaves, me refiero al trabajo intelectual que suponen mis proyectos… la fundación… de un nuevo Estado… y de una nueva religión. Sà señor.
—¡Por el amor de Dios! Un dÃa te van a encarcelar.
—No te preocupes, no soy ningún revolucionario.
—¿Y tienes ya una parroquia numerosa? —preguntó Hauberrisser con una sonrisa, sospechando que se trataba de una broma más de su amigo.
Pfeill le dirigió una mirada recriminatoria, y tras un momento de silencio, le contestó:
—Desafortunadamente, y como de costumbre, me entiendes mal. ¿No sientes algo amenazador flotando en el ambiente? Profetizar el fin del mundo es una tarea ingrata, lo han vaticinado tantas veces en el curso de los siglos que ha perdido toda credibilidad. Sin embargo, creo que está en lo cierto quien afirme sentir la proximidad de un acontecimiento semejante. No es necesario que se trate de la destrucción total del planeta, el declive del concepto tradicional del mundo también es un apocalipsis.