El rostro verde
El rostro verde —¿Acaso he dicho yo que excluya la posibilidad de una catástrofe externa? —exclamó Pfeill—. Todo lo contrario, siento cómo se acerca con cada fibra de mi ser. En lo que se refiere a la transformación interior de los hombres, espero que no tengas razón más que en apariencia. ¿Hasta dónde se remontan tus conocimientos de la historia para sostener tal tesis? A lo sumo a unos miserables milenios. Y además, ¿no han habido en este corto espacio de tiempo algunas epidemias espirituales cuya misteriosa aparición deberÃa hacernos pensar? Las cruzadas, las cruzadas infantiles, por ejemplo… Todo es posible, amigo mÃo, y cuanto más tiempo pasa, más probable es que se produzca algo inesperado. Hasta hoy los hombres se han desgarrado unos a otros a causa de ciertos fantasmas, tan invisibles como dudosos, llamados «ideales». Creo que finalmente ha llegado el momento de acabar con tales quimeras. Es como si llevara yo años preparándome para participar en esa lucha, para ser un soldado espiritual. Nunca antes habÃa advertido tan nÃtidamente que se avecina una gran batalla contra esos malditos fantasmas. Te aseguro que una vez que empiezas a erradicar falsos ideales ya no puedes parar. Es increÃble qué cantidad de impertinentes mentiras hemos ido acumulando por la vÃa de la herencia de las ideas.