El rostro verde
El rostro verde —Yo no pienso exterminar nada en los huertos ajenos que no perezca por sà mismo, pero en el mÃo propio puedo hacer lo que me plazca. Parece que el nacionalismo es una necesidad para la mayorÃa de los hombres. Va siendo hora de que surja un Estado donde no sean las fronteras y la lengua común lo que una a los ciudadanos, sino la manera de pensar, un Estado donde la gente pueda vivir como quiera.
»En cierto modo, tienen razón los que se rÃen cuando oyen hablar de la reforma de la humanidad. Su único fallo consiste en olvidar que basta con que uno sólo se transforme profundamente. La obra de ese hombre nunca perecerá, lo advierta el mundo o no. Habrá abierto un boquete en lo existente, un hueco que ya no se podrá cerrar, independientemente de que los demás se percaten de ello enseguida o al cabo de un millón de años. Lo que se ha creado una vez no puede desvanecerse más que en apariencia. Asà me gustarÃa desgarrar la red que tiene presa a la humanidad, sÃ, sin valerme de ningún tipo de sermón público, sino empezando por mÃ, sustrayéndome yo mismo de las ataduras.
—¿Ves tú alguna relación causal entre las catástrofes naturales que presientes y la posible modificación de las concepciones de la humanidad?