El rostro verde
El rostro verde Sephardi, reparando en la claridad del discurso, examinó los ojos del anciano y vio que, aparentemente, ya no se diferenciaban en nada de los de cualquier judÃo ruso. Al hablar, hacÃa gestos con las manos, y su voz tenÃa ahora un timbre persuasivo. Sus diferentes estados mentales se sucedÃan sin transición.
—Claro que un hombre no puede conseguir esto por sà mismo —continuó Eidotter—. No sirven para nada los estudios, ni las oraciones, ni tampoco el Mikwaóth —el bautismo por inmersión. Nosotros solos no podemos lograrlo, tiene que venir alguien del más allá para intercambiarnos las luces.
—¿Cree que fue alguien del «más allá» quien lo hizo por usted?