El rostro verde

El rostro verde

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Mire, doctor. Cuando le doy un pellizco a la tela, usted no siente ningún dolor, ¿no? Si le duele a la manga, ¿quién puede saberlo? Pues lo mismo me sucede a mí. Lo sé muy bien, pero no lo siento. Porque mis sentimientos están en mi cerebro. Tampoco me es posible dudar de lo que se me dice, como solía hacerlo en mi juventud, en Odessa. Tengo que creerlo, porque mi cerebro está en mi corazón. Del mismo modo, no puedo reflexionar como antes, o se me ocurre algo o no se me ocurre nada. Si se me ocurre, entonces es que es así en realidad, lo percibo tan nítidamente que no podría distinguir si lo he vivido o no. Por eso ni siquiera trato de reflexionar sobre ello.

—¿Y sus quehaceres cotidianos? ¿Cómo se las arregla para llevarlos a cabo?

Eidotter señaló la manga nuevamente.

—Cuando llueve la ropa nos protege de la humedad, y cuando brilla el sol nos protege del calor. Que usted se preocupe o no de ello no importa, la ropa lo hace por sí sola. Mi cuerpo se ocupa del negocio, pero yo no sé nada sobre eso. Rabbí Simón ben Eleasar dijo: «¿Acaso visteis jamás un pájaro ejerciendo una profesión? Y sin embargo se alimenta sin problemas. ¿No debería alimentarme sin problemas yo también?». Naturalmente, si las Makifim no estuvieran intercambiadas dentro de mi, no podría dejar sólo a mi cuerpo, estaría atado a él.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker