El rostro verde
El rostro verde —¿Y luego ya no volvió a encontrarlo? Comentó antes que le instruyó en la Merkaba, es decir, en la segunda ley secreta de Moisés.
—¿Encontrarlo? —repitió Eidotter, pasándose la mano por la frente como si tuviera que entender lentamente de qué se estaba hablando—. ¿Encontrarlo? Una vez conmigo, ¿cómo podrÃa haberse marchado? Él está siempre conmigo.
—¿Y lo ve constantemente?
—No lo veo en absoluto.
—Pero si dice que siempre está con usted. ¿Cómo hay que entender eso?
—No puede entenderse con la razón, doctor.
—¿No podrÃa explicármelo con un ejemplo? ¿Le habla Elias cuando lo instruye, o qué hace?
—Cuando usted se siente alegre… ¿está con usted la alegrÃa? SÃ, naturalmente. Pero no puede verla ni oÃrla. Pues asà es.
Sephardi se calló. Advirtió que entre él y el anciano se abrÃa un abismo de incomprensión espiritual que era incapaz de franquear.