Pétalo carmesÃ, flor blanca
Pétalo carmesÃ, flor blanca —Señor Rackham, ¿revisará los balances de este mes? —preguntó el contable, extendiendo un grueso libro de cuentas. William negó con la cabeza, distraÃdo. —Déjelos en mi escritorio. Más tarde.
HabÃa aprendido a posponer las cosas, pero no podÃa retrasar la creciente obsesión que lo arrastraba de vuelta al mundo de Sugar. Aquella noche, después de una cena tensa con Agnes, William encontró una excusa para salir. El carruaje lo llevó de regreso a Church Lane, donde las calles siempre olÃan a humedad y desesperanza.
Sugar lo esperaba en el prostÃbulo de la señora Castaway, pero esta vez no en la penumbra de una habitación decorada con velas gastadas. Estaba en su cuarto, junto a una mesa llena de libros, cuadernos y papeles desordenados. William la encontró inclinada sobre una hoja, escribiendo con una intensidad que lo dejó desconcertado.
—¿Qué escribes? —preguntó, incapaz de contener su curiosidad. Ella levantó la mirada, sus ojos brillando con una chispa que no habÃa visto antes. —Historias. Invento futuros que no existen, porque el presente no es suficiente.