Pétalo carmesí, flor blanca
Pétalo carmesí, flor blanca —¿Quién es esa mujer? —preguntó, su voz temblando de ira y miedo. —¿De qué estás hablando, Agnes? —respondió él, intentando evadir el tema. —Sabes perfectamente de quién hablo. La mujer que se ha metido en nuestra casa, en nuestra vida.
William no supo qué decir. Su silencio fue suficiente para confirmar lo que Agnes ya temía.
—Eres un cobarde —susurró ella, antes de girarse y marcharse a su habitación.
Mientras tanto, Sugar continuaba moviendo sus piezas en el tablero. Cada conversación con los criados, cada detalle que observaba en la casa, era un paso más hacia su objetivo final. Sabía que su tiempo era limitado, que William podía perder el control en cualquier momento, pero no podía permitirse fallar.
Una noche, mientras escribía en su diario, anotó: —“Estoy más cerca que nunca. Pero este juego tiene un precio, y no sé si estoy preparada para pagarlo”.
—Las máscaras estaban cayendo, y la jaula dorada de los Rackham comenzaba a desmoronarse, arrastrando consigo los secretos y las mentiras que la sostenían.