Pétalo carmesÃ, flor blanca
Pétalo carmesÃ, flor blanca —¿Te encuentras bien, Agnes? —preguntó William, entrando al salón con un gesto apresurado.
Ella se volvió hacia él con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos. —Por supuesto, querido. ¿Por qué no lo estarÃa? —respondió con una dulzura que escondÃa su incomodidad.
William la observó por un instante, incómodo. Era una mirada que intentaba atravesar la barrera que Agnes habÃa construido alrededor de sà misma, pero que siempre se detenÃa en la superficie. Algo dentro de él sabÃa que esa perfección era un disfraz, pero no tenÃa el valor para enfrentarlo.
—Saldré un momento a atender unos asuntos —anunció él, mirando hacia otro lado. —Como siempre. —Agnes inclinó la cabeza con una cortesÃa casi automática, sus palabras flotando en el aire como un eco vacÃo.
Mientras William salÃa, el peso del silencio llenó la habitación. Agnes miró de nuevo hacia el jardÃn, deseando poder escapar a un lugar donde el tiempo y las expectativas no existieran.
En contraste, William caminaba por las calles bulliciosas, su mente dividida entre el peso de sus responsabilidades y el recuerdo de Sugar. No podÃa negar que ella habÃa dejado una marca en él, un trazo oscuro que le hablaba de posibilidades que nunca habÃa considerado antes.