Historia de un pepe

Historia de un pepe

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

En seguida se retiró a su cuarto, donde comenzó a pasearse, reflexionando sobre la rareza del carácter de don Fernando Fernández de Córdoba, que se había mostrado tan duro con él al partir para España y que al mismo tiempo le suministraba cuanto le hacía falta y le enviaba un obsequio tan valioso como el de aquel caballo.

Engolfado en estas reflexiones, Gabriel, dando rienda a su efusión, exclamó:

—¡Ah, padre mío, padre mío! ¡Cómo quisiera yo ver a usted aquí para arrojarme a sus pies y bañándolos con mis lágrimas, pedirle perdón por mis injustas sospechas!

Diciendo así, levantó los ojos y los fijó por casualidad en el cuadro de Caravachio que estaba en su habitación, como lo había hecho tantísimas veces.

—Pero… ¿qué es esto? —exclamó estupefacto, al advertir que el agujero que tenía en el ojo izquierdo la figura de uno de los tres jugadores, estaba en aquel momento ocupado por una cosa que parecía la pupila negra de un ojo humano. Imaginó al pronto que aquélla era una ilusión de sus sentidos, una ficción de su acalorada fantasía; pero habiéndose fijado más despacio en el cuadro, se convenció de que había allí un ojo clavado en su persona con una mirada persistente y que seguía todos sus movimientos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker