Historia de un pepe
Historia de un pepe Gabriel no era supersticioso ni cobarde; mas aquel hecho, que no podía, a su juicio, admitir explicación natural, lo dejó atónito y sin saber qué pensar. Se frotó los ojos con ambas manos y habiendo vuelto a fijarlos en la figura del cuadro, encontró siempre aquella negra pupila que lo miraba tenazmente y con una expresión indefinible.