Historia de un pepe
Historia de un pepe Recobrado de la primera impresión de asombro, tuvo la idea de levantar la tela del cuadro y descifrar aquel enigma. Puso una silla junto a la pared, subió y desapareció el ojo, quedando solamente el agujero en el lienzo. Levantó el cuadro y vio el tabique liso, que cubría un papel pintado. No había allí nada, absolutamente nada que pudiera explicar tan extraordinario fenómeno. Lo único que le llamó la atención y que antes no había advertido, fue que el tabique divisorio de su cuarto con la pieza inmediata estaba formado de gruesas tablas; pero esta circunstancia no tenía por sí sola, nada de muy extraordinario, que pudiera ofrecer la aclaración de aquel misterio. Dejó caer el cuadro, despechado, e inmediatamente lo asaltaron algunas reflexiones que se presentaban a su imaginación por primera vez desde que estaba hospedado en aquella extraña casa. Sin saber por qué, pensó en el nombre del «cuarto del ahorcado» que había oído dar a la pieza que ocupaba; en el raro escritorio de don Ramón, donde no había nada que justificara aquel nombre; en las visitas nocturnas que recibía su huésped; en las respuestas lacónicas del criado negro, y por último, en aquella mujer encerrada en el departamento interior de la casa y que no se comunicaba con la parte de afuera, sino por medio de un torno.