Historia de un pepe
Historia de un pepe Todos esos hechos, que salÃan hasta cierto punto de lo común, se agolparon en aquel momento en el ánimo de Gabriel, y sin que él mismo pudiera decir por qué, se unieron a la repentina e inexplicable aparición de aquel ojo humano en el agujero de un cuadro.
—Extraña casa, por cierto, es ésta —se dijo—, donde me ha colocado don Andrés de Urdaneche, y no sé cómo no he procurado antes de ahora penetrar los misterios que encierra. Sólo mi profundo amor a RosalÃa que ha embargado mis facultades por completo, puede haber hecho que no me fije en lo que aquà me rodea.
Hechas estas reflexiones, y con el más vivo deseo de aclarar aquellos enigmas, consideró Gabriel que serÃa inútil interrogar de nuevo al viejo negro, que seguramente le responderÃa con tanto laconismo como la otra vez. Resolvió, pues, preguntar directamente al mismo don Ramón y pedirle explicaciones, especialmente acerca del suceso extraordinario que habÃa tenido lugar aquel dÃa.