Historia de un pepe
Historia de un pepe Salió el capitán general con la real Audiencia y los otros funcionarios principales, y habiendo montado a la puerta del palacio, se dirigieron a la catedral para asistir a fas vísperas. Terminadas éstas, como a las cuatro y media, se ordenó el paseo, abriendo la marcha los descendientes de los tlascaltecas, siguiendo el numeroso y lucido acompañamiento y cerrando la procesión la tropa veterana. El espectáculo era vistoso y animado. Multitud de indígenas de los pueblos inmediatos llevaban arcos de madera adornados con plumas y monedas de plata. Los funcionarios y los individuos de las corporaciones vestían sus uniformes de gala, los abogados y procuradores sus ropas talares, sus togas los oidores y los caballeros particulares, en número considerable, rivalizaban en el lujo de sus trajes de seda bordados de oro y plata, en los caballos y sus jaeces y en las libreas de los pajes que los acompañaban. Cada republicano de aquéllos (como se les llamaba), no cesaba de admirarse a sí mismo al verse en tan lujoso arreo, y alguno hubo que después de haber asistido a un paseo de Santa Cecilia, emprendió la marcha a la Antigua a visitar a su novia, no pudiendo prescindir de presentársele tan ventajosamente transformado.