Historia de un pepe
Historia de un pepe Mas, como casi nunca falta alguna espina oculta entre las rosas con que suele coronarnos la fortuna, Gabriel sentÃa, en medio de su satisfacción, la punzada de aquella espina, el recuerdo de la hija del alférez real, que sin saber por qué, le hacÃa experimentar una sensación mortificante. La mirada de aquella mujer habÃa quedado clavada en lo más recóndito de su corazón como un dardo incandescente, y por más que hacÃa, no podÃa arrojarla de su memoria. Evocó el plácido recuerdo de RosalÃa; pero ¡ah! fue únicamente para representársela de rodillas a los pies de Matilde, arreglándole el traje. Esta reminiscencia importuna le causó el más profundo disgusto, pues le hizo medir toda la distancia que la suerte habÃa puesto entre aquellas dos mujeres. Se estremeció al escuchar una voz interior que le decÃa que la posición de la aristocrática belleza era mucho más adecuada a la que él estaba llamado a ocupar en el mundo, que no la de la humilde y oscura hija del capitán retirado y maestro de armas, don Feliciano de Matamoros. El demonio del orgullo atacaba insidiosamente aquella pobre alma, y luchaba ya para minar en ella el imperio del amor.