Historia de un pepe
Historia de un pepe —¿Será usted capaz, señor cadete de la segunda compañÃa del Fijo, de tener miedo a los muertos? Si tal hubiera yo imaginado, le habrÃa destinado otro cuarto. El nombre que ha llamado la atención de usted, se refiere a una historia muy antigua ya. Habitó esa pieza un caballero que fue huésped mÃo, como usted lo es ahora. El pobre señor tenÃa pesares ocultos, habÃa sufrido grandes contrariedades en la vida, y una mañana amaneció colgado de una viga, precisamente en el lugar donde está la cama de usted. Eh, eh, eh, y se rió con aquella risa que tanto habÃa chocado a Gabriel al principio, y que ahora, sin saber por qué, le ocasionaba un calofrÃo muy desagradable.
—¿Y pudiera usted decirme —preguntó el joven—, por qué he visto una pupila humana en el agujero que tiene en el ojo izquierdo la figura de uno de los jugadores en el cuadro que está en mi cuarto?
—¿Qué ha visto usted un ojo humano en ese agujero? —exclamó don Ramón con asombro—. Usted se equivoca, amigo don Gabriel. Esa debe ser una ilusión de su fantasÃa y nada más.
—Estoy seguro, señor —dijo Gabriel con seriedad—. Aquel ojo tenaz clavó en mà su mirada y siguió todos mis movimientos. Levanté el cuadro y no encontré agujero alguno en el tabique, ni nada que pudiera explicar tan extraño incidente.