Historia de un pepe
Historia de un pepe —Ya usted lo ve —replicó el escribano con naturalidad—. Nada habÃa; ni ¿qué podrÃa haber?
—DÃgame usted, esa pieza contigua a mi cuarto que se mantiene siempre cerrada…
—Esa pieza está ocupada con una estanterÃa que contiene mis protocolos, los de mi padre y los de mi abuelo, que eran escribanos, como yo. Cuando quiera usted verlo lo llevaré a ella.
Gabriel vio que nada podrÃa sacar de aquel hombre, impenetrable y frÃo como el destino, y dejó al tiempo el cuidado de aclarar aquellos misterios.