Historia de un pepe
Historia de un pepe Al segundo dÃa de haber salido de la capital llegaban, al caer la tarde, a orillas del rÃo del Molino, al pie del ramal de la cordillera que corta los dos caminos que puede seguir el viajero que se dirige a San Salvador. Hervias y Fernández vieron brillar al sol cañones de fusiles y en seguida percibieron las chaquetas encarnadas de los soldados caribes que formaban la escolta del convoy. VenÃa ésta al mando de un capitán, bajo cuyas órdenes se pusieron el teniente y el cadete con sus veinticinco hombres. El comandante dispuso pasar la noche en aquel sitio y continuar la marcha a las dos de la mañana del siguiente dÃa, aprovechando la luna que debÃa levantarse una hora antes. Distribuyó la escolta de la manera oportuna para evitar cualquier sorpresa e hizo colocar centinelas en los puntos convenientes.