Historia de un pepe
Historia de un pepe Sea de esto lo que fuere, lo cierto es que al siguiente día, muy temprano, recibieron el teniente don Luis Hervias y el cadete don Gabriel Fernández, la orden de presentarse montados, en el cuartel, para ir a desempeñar una comisión. Pocos momentos después, habiéndose dado a Hervias las instrucciones del caso, salían a la cabeza del piquete por el camino de San Salvador, que se tomaba para ir o para venir de Trujillo a esta ciudad.
Ambos jóvenes recibieron con viva satisfacción la orden de ponerse en marcha, y desde que salieron no hacían otra cosa que levantar castillos en el aire sobre la suposición de que Pie de lana y su cuadrilla tuvieran la feliz idea de querer asaltar el convoy. Cuando a la luz dudosa del crepúsculo divisaban en lontananza algunas hileras de árboles, a orillas del camino, palpitábanles los corazones de contento, imaginando que aquellas figuras indecisas eran los ladrones que los aguardaban resueltos a disputarles el paso. La realidad disipaba aquellas ilusiones; pero no los curaba de la manía de ver a Pie de lana y su cuadrilla, agazapados, en cada grupo de matas, en cada partida de ganado, en cada recua de acémilas que percibían a lo lejos.