Historia de un pepe
Historia de un pepe 
Otra intriga de don Diego
La pobre hija del maestro de armas había pasado los días y las noches en la mayor aflicción, desde que supo que Gabriel estaba herido, teniendo que contentarse con las noticias que le llevaba su padre, que completamente restablecido ya, iba a todas horas a casa del escribano.
La popularidad que había adquirido el joven enorgullecía al viejo capitán, a quien se le escapaba algunas veces la frase «mi hijo», hablando de Gabriel. Pero quiso la desgracia que a medida que fue enfriándose el amor de éste por Rosalía, comenzó también el teniente Fernández a advertir los defectos del padre de su novia.
