Historia de un pepe
Historia de un pepe Entonces vino a caer en la cuenta de que el capitán se embriagaba con más frecuencia de lo que convendrÃa, de que se ponÃa en tal o cual ridÃculo con su inagotable historia de la campaña de Roatán y de que aquellos empréstitos forcivoluntarios que levantaba con frecuencia sobre sus discÃpulos y cuyo reintegro tendrÃan que aguardar hasta el dÃa del juicio, lo colocaban en la poca respetable categorÃa de los petardistas. La primera vez que se agruparon todas esas circunstancias en el espÃritu de Gabriel, sintió que la sangre se le subÃa a la cara, e hizo mentalmente un raciocinio que si no fue el siguiente, no anduvo muy lejos de serlo: «¡linda figura harÃa yo en el mundo con semejante suegro!».
Claro es que esa consideración era bastante a propósito para acabar de dar al traste con el amor del teniente, que caminaba a toda prisa hacia el cero, en ese termómetro invisible que tenemos todos en el corazón y que marca los grados de nuestras afecciones.