Historia de un pepe
Historia de un pepe —Quizá hayan habitado provisionalmente en esa casa, que es grande, algunas de las monjas trasladadas de la Antigua después de la ruina, y se habrá quedado el torno.
—Puede ser —dijo el abogado, encogiéndose de hombros—; pero en ese caso, se ha quedado allà también una de las monjas, pues en el segundo patio de la casa de Pedrera habita una mujer, que jamás da la cara.
—Todo eso es bastante extraño, sin duda —replicó el pasante—. ¿Y qué deduce usted de esos datos?
—Yo, nada hasta ahora —dijo Arochena—; pero no sé por qué sospecho que ese misterio no es ajeno a la existencia del teniente Fernández, huésped de Pedrera, y que en todo ese enredo anda la mano de don Ramón, que es un bellaco muy listo, la de su señor tÃo de usted, que no lo es menos y la de algún otro personaje poderoso, que debe ser aun más bribón que los otros dos.
Rosales permaneció pensativo durante un momento y luego dijo:
—¿Ha formado usted algún plan?
—Varios, pero los he desechado uno en pos de otro por impracticables. Esto me desespera. En tanto ese muñeco de teniente gana cada dÃa en el corazón de Matilde y yo no puedo arrojarle a la cara, por falta de pruebas, esta frase que lo matarÃa: " ¡eres un pepe! ".