Historia de un pepe
Historia de un pepe Estaba la buena señora uno o dos siglos atrás del movimiento intelectual del mundo. Sabía leer, no muy de corrido, letra impresa, o libro, como se decía entonces; carta, o manuscrito, con bastante trabajo; y en cuanto a escribir ella misma, no recordaba haberlo hecho sino tres o cuatro veces en su vida. Los caracteres que formaba con la pluma aquella excelente matrona eran más bien jeroglíficos que no letras alfabéticas, y en las raras ocasiones en que hubo de escribir a su marido, ausente, había tenido éste necesidad de consultar a algunos entendidos paleógrafos para descifrar la carta.
Las ideas de doña Engracia giraban en un estrecho círculo. Su marido, que era para ella lo primero del mundo, su hija, sus criados y los quehaceres domésticos limitaban el reducido horizonte a donde se extendía aquella alma Cándida. Como tenía tertulia, naturalmente no faltaban en su casa murmuraciones; pero siempre propensa a pensar bien de los demás o no creía el mal, o no dejaba nunca de alegar sinceramente circunstancias atenuantes.
Era caritativa por convicción, practicando la caridad no solamente por medio de la limosna, sino por la tolerancia de los defectos, de los errores, y hasta de las faltas ajenas, que es una de las mas nobles formas de aquella virtud.