Historia de un pepe
Historia de un pepe Entretanto, corrÃa en la ciudad la noticia de los extraños acontecimientos de la noche anterior. Todos contaban y comentaban los diversos lances ocurridos en casa del escribano MartÃnez de Pedrera; pero ni la muerte de Arochena, ni la captura misma de Pie de lana tenÃan, en concepto del público, la mitad de la importancia que el hecho de haberse descubierto que el cabecilla de los bandidos era el padre del capitán Gabriel Fernández. Multiplicábanse los comentarios y las conjeturas. ¿Qué hará? ¿Pretenderá continuar en el servicio? ¡Imposible! exclamaban todos. ¿Y el casamiento? Menos.
—Bien pensé yo siempre —decÃa uno—, que no podÃa el tal Gabriel ser hijo de Fernández.
Esta observación, que debÃa dar a su autor la reputación de observador sagacÃsimo, fue repetida en el acto por no sabemos cuántos millares de bocas. Lo cierto es que al caer la tarde, más de media ciudad habÃa pensado siempre «que el tal Gabriel no podÃa ser hijo de Fernández».