Historia de un pepe
Historia de un pepe —Sà señor —contestó Gabriel—; tengo que pedir a vuestra excelencia un favor.
—Diga usted.
—Un permiso para poder ver a mi padre en la prisión.
Bustamante se dirigió a la mesa y extendió una orden para que se permitiese al portador la entrada a la cárcel a cualquier hora y la más franca comunicación con el reo…
—¿Bajo qué nombre está inscrito en el registro? —preguntó el presidente.
—Bajo el de Juan Bermúdez —contestó Gabriel.
El presidente escribió el nombre y apellido del reo, firmó la orden y al entregarla a Gabriel, le tomó la mano con efusión y le dijo:
—Vaya usted a cumplir con su deber.
El joven saludó con respeto al presidente y se retiró.
Dos horas después recibÃa su licencia absoluta, extendida en términos muy honrosos a su persona. Profundamente conmovido, se desnudó aquel uniforme de que se sentÃa orgulloso y que habÃa llevado seis años, y vestido de paisano, se dirigió a la cárcel.