Historia de un pepe
Historia de un pepe 
Un protector misterioso
Salió Gabriel de aquella casa donde había vivido desde la noche en que vino al mundo, y a la que no volvería jamás, y se paró en la esquina, sin saber a dónde ir ni qué partido tomar. Estando en aquella perplejidad, se le acercó un hombre que llegaba con paso apresurado, y preguntándole si era el niño Gabriel Fernández, a su respuesta afirmativa le entregó una esquela cerrada en forma de triángulo, como se acostumbraba hacerlo entonces con las que se dirigían de un punto a otro de la ciudad.
Abrióla Gabriel y leyó lo siguiente:
«Venga usted a verme sin pérdida de momento. Tengo qué comunicarle algo que le interesa. —Andrés de Urdaneche».
