Historia de un pepe
Historia de un pepe Aquella misma noche, como a las siete, estaba doña Catalina de Urdaneche en la salita de su casa, conversando tranquilamente con Gabriel, cuando oyeron un gran ruido de voces y carreras en la calle. Iba Gabriel a abrir la ventana para averiguar lo que causaba el alboroto, cuando se abrió violentamente la puerta de la sala que daba al corredor y se precipitó en la pieza un hombre, en cuerpo y con la cabeza descubierta. Estaba pálido como un difunto, y parecía bajo la presión de un terror profundo. Doña Catalina y Gabriel se fijaron en el que entraba, y exclamaron a la vez:
—¡Don Ramón!
El escribano real, pues él mismo era, al reconocer a doña Catalina, se detuvo y se quedó como clavado en el suelo, sin hacer el menor movimiento.
—¿Usted aquí? —dijo Gabriel—, ¿qué es esto?