Historia de un pepe
Historia de un pepe El joven comenzó a pasearse por el corredor, mientras el negro, sentado en una butaca vieja, bajo el arco del zaguán, parecía luchar con el sueño y cabeceaba a cada momento. A poco llamaron a la puerta. Benito acudió a abrir, pues a la cuenta con ese objeto se había colocado en aquel sitio. Habló con el que llamaba, que sin duda buscaba al amo e informado de que no estaba en casa, se marchó. El negro volvió a dormitar en su butaca.
No pasaron cinco minutos sin que llamaran de nuevo y se repitiera la escena. Volvió a resonar tres veces el aldabón casi de seguida y tornó el negro a la operación de abrir y cerrar y a la de dormitar en su sillón.