Historia de un pepe
Historia de un pepe Visto esto, se puso Gabriel a calcular si no podrÃa, sin que lo advirtiera el negro, que solÃa detenerse hablando con los que llamaban, ver lo que fuese aquello que parecÃa ventana, y si en efecto lo era, echar por ella una ojeada hacia el interior de la casa. Como lo pensó lo hizo. Resonó un sexto o séptimo aldabonazo y luego que se hubo levantado Benito, se precipitó Gabriel a la ventana y probó a abrirla. Al principio encontró resistencia, como si tiraran por dentro de la puerta; pero, haciendo un ligero esfuerzo abrió. ¡Cuál serÃa su sorpresa al advertir que lo que oponÃa resistencia era una cadena de hierro, clavada por un extremo a la hoja de la ventana por la parte interior y que pasaba por encima de un torno como los que habÃa en las porterÃas de los conventos de monjas! Al tirar Gabriel de la puerta, resonó una campanilla, y a poco oyó pasos que se acercaban por la parte de adentro y una voz de mujer que le dijo:
—¿Qué hay, Benito? ¿Ese hombre ha imaginado algún nuevo martirio para atormentarme? ¿No le basta la prisión en que me tiene y lo que me hace sufrir hace ya doce años?
Asustado Gabriel al advertir el resultado de su imprudente curiosidad, y temiendo viera el negro que habÃa abierto la puerta que ocultaba el torno, cerró precipitadamente y continuó paseándose, como si nada hubiese hecho.