La hija del Adelantado

La hija del Adelantado

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Poseía doña Leonor un Agnus Dei, encerrado en un hermoso relicario de oro, pendiente de una cadena del mismo metal, bendito por el Pontífice Paulo III, regalo del señor obispo Marroquín, y que tenía grabada la siguiente inscripción: EPPVS, CUACTEM, abreviatura de las dos palabras latinas Episcopus Cuactemalensis, con las cuales firmaba el venerable fundador de la iglesia de Guatemala. Atribuíase a aquella santa reliquia la milagrosa virtud, entre otras, de preservar al que la llevase de cualquier hechizo o maleficio, motivo por el cual, así como ser presente del ilustre Prelado, la guardaba la joven con la mayor veneración, sin desprenderla de su cuello ni de día ni de noche.

Convínose por las dos amigas en que aquella santa reliquia sería remitida a Portocarrero, dando de esa manera doña Leonor a su amante una prueba del entrañable afecto que le profesaba. La joven imprimió sus labios en el Agnus, y lo guardó cuidadosamente en una cajita de ébano, con un papel que contenía estas pocas palabras: conservadlo siempre en memoria mía. El paje que había sido encargado de ir a las Casas consistoriales, lo fue también para poner aquella caja en manos de don Pedro, quien la recibió transportado de júbilo. Colocó inmediatamente el relicario sobre su corazón e hizo el firme propósito de no separarse de él mientras viviese.


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