La hija del Adelantado
La hija del Adelantado Aquello fue una completa revelación para Agustina, que encontró la clavo del enigma del repentino desvío de su antiguo amante. Herida en lo más vivo, hizo, sin embargo, cuanto le fue posible, por disimular su enojo, y cuando Robledo hubo terminado su relación, dijo con fingida indiferencia:
—No hay duda, señor don Diego, que la historia que me referís pudiera, por lo peregrino, figurar en un libro de caballerías. Y a todo esto, ¿qué dice don Francisco de la Cueva? pues he oído que doña Leonor le había sido prometida en matrimonio por el Adelantado.
—Es así, en efecto, contestó Robledo. Don Francisco creía poder contar con la mano de la hija de su cuñado; y no es poco lo que se ha sorprendido e indignado, al saber la mala pasada que se le jugaba. El Licenciado es orgulloso y está pronto a gastar toda su fortuna, si necesario fuere, con tal de romper las relaciones de Portocarrero y doña Leonor y salirse con la suya.
Agustina permaneció pensativa un breve rato, y luego dijo:
—Eso tal vez sería difícil. Doña Leonor es de un carácter decidido y firme y no hay que contar con que cambie de resolución.