La hija del Adelantado
La hija del Adelantado —Y bien, don Juan, ¿qué es lo que ocurre? Algo muy extraordinario ha sucedido, pues leo en vuestra fisonomÃa la agitación de vuestro espÃritu. Explicaos.
—Agustina, contestó Peraza en tono grave; no ha sucedido aún nada extraordinario; pero van a tener lugar esta misma noche, y dentro de pocas horas, acontecimientos que decidirán la suerte del reino y la mÃa.
Asombrado quedó Robledo al escuchar aquellas palabras, tan diferentes de las que él aguardaba oÃr en la que creÃa ser una cita amorosa.
—Qué, dijo Agustina, como quien estaba ya, aunque a medias, en antecedentes. ¿Vais a dar el golpe esta noche?
—SÃ, contestó Peraza; vamos a poner en libertad a los Reyes indios presos en las Casas consistoriales. Yo favoreceré su evasión, los sacaré de la ciudad y los conduciré hasta ponerlos al frente de sus tribus, que están prontas a sublevarse con diez y siete cacicazgos más, que formarán por todo un cuerpo de cincuenta mil guerreros.
—¿Y después? dijo Agustina.