La hija del Adelantado
La hija del Adelantado —Después, replicó Peraza, los enemigos que aquà quedan se pondrán al frente de nuestros numerosos y decididos partidarios y atacarán el Palacio del Gobernador, de quien procurarán apoderarse, y decapitarlo inmediatamente, lo mismo que a vuestro cortejo, el antiguo lacayo Robledo. Entre tanto, yo embestiré la ciudad a la cabeza de los indios.
El corazón de Robledo palpitaba con violencia y un sudor frÃo comenzó a inundar su frente. No que lo hubiese atemorizado la inesperada revelación que acababa de escuchar, pues aquel hombre no contaba entre sus defectos la pusilanimidad, sino que temblaba a la idea de no tener tiempo de frustrar los planes de los conjurados. Estuvo a punto de resolverse a salir y matar al médico allà mismo; pero reflexionó y prefirió aguardar a que acabase de explicar los pormenores del complot, con esperanza de que mencionase los nombres de los otros conjurados. Pero aquella esperanza se frustró. El herbolario dijo únicamente cuáles eran los pueblos con cuyos caciques se contaba, refirió otros pormenores poco importantes del plan y calló los nombres de los demás comprometidos, quizá por ser ya conocidos de Agustina. Después de haber hecho aquella relación, añadió Peraza.