La hija del Adelantado
La hija del Adelantado Dicho esto, y sin dar tiempo a que Peraza le hiciese nuevas observaciones, entró Agustina en su alcoba, dejando al médico asombrado de aquella resolución atrevida y extravagante. Robledo, que lo había escuchado todo, pensó de nuevo si le convendría salir y asesinar al doctor; pero anhelando siempre descubrir a los otros conjurados, que sin duda se retirarían si veían que no llegaba Peraza a la hora convenida, resolvió no moverse y dejar correr las cosas, calculando que saliendo inmediatamente después que el médico y Agustina, tendría tiempo sobrado para impedir la evasión de los prisioneros y capturar a todos los conspiradores. Aguardó, pues, con paciencia el desenlace de aquel drama.
Agustina no tardó mucho en presentarse completamente transformada en un bizarro caballero.
—Vamos, dijo a Peraza; son las once, tenemos aún una hora.