La hija del Adelantado
La hija del Adelantado Al decir esto, Peraza se acercó a la joven, que estaba poseída del más profundo terror, e incapaz de oponer la menor resistencia. Levantola en sus brazos, se dirigió al lugar de la pared de donde parecía haberse desprendido; puso la mano en un botón casi invisible que estaba en la tapicería y se abrió una puerta. Al salir por ella, el médico con doña Juana, que había perdido el conocimiento, entró en el dormitorio de la doncella y alcanzó a ver al herbolario, a quien reconoció muy bien, y viéndose se llevaba a su señora, dio un grito y volvió a salir precipitadamente de la habitación.
Las gentes del Palacio se pusieron en movimiento, a la noticia de la misteriosa desaparición de doña Juana. La camarera, en el terror que la dominaba, dijo que la pared se había abierto por sí misma y dado paso a una fantasma que tenía todo el aspecto del difunto médico, la cual arrebató a su señora, desapareciendo con ella. Registrose el Palacio todo, recorriose la ciudad aquella misma noche y no pudo encontrarse el menor vestigio de la desgraciada joven. La hija del Adelantado, que sabía perfectamente la pasión de Peraza por su amiga, no vaciló en dar crédito a la extraña relación de la doncella y se persuadió de que el herbolario había venido del otro mundo por doña Juana. Desde aquel momento, doña Leonor cayó en mayor abatimiento, considerándose como sola en esta vida, perdida para siempre su única amiga.