La hija del Adelantado
La hija del Adelantado Al verse enterrada viva en aquella tumba, la desgraciada joven se entregó a la más horrorosa desesperación. Peraza, en pie delante de doña Juana, la contemplaba con alegría satánica, sin que los gritos y lamentos de la infeliz hiciesen, al parecer, la menor impresión en aquella alma de bronce. Dio lugar a que desahogase algún tanto la pena que la oprimía, y lo habló en estos términos: