La hija del Adelantado

La hija del Adelantado

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Serían las doce cuando doña Juana creyó oír que levantaban la pesada puerta que cerraba la entrada del sótano, y un frío glacial recorrió instantáneamente todos sus miembros. Su corazón latía con violencia y la sangre circulaba por sus venas, como las olas del mar embravecido con la tempestad. De pronto no volvió a escuchar ruido alguno, y comenzaba a creer que el que le había parecido oír, sería una ilusión de su espíritu agitado; cuando a la luz de la lámpara que alumbraba día y noche el subterráneo, vio bajar la escalera a un hombre, y tras él otro y otro, hasta que entraron en la mazmorra unos ocho o diez individuos embozados. Luego que estuvieron todos adentro, descubriéronse y doña Juana, estupefacta, reconoció al Tesorero real Francisco de Castellanos, al Veedor Gonzalo Ronquillo, al Comendador Francisco de Zorrilla, al Regidor Gonzalo de Ovalle y a otros sujetos principales de la ciudad. Eran los conspiradores, que procuraban reanudar la conjuración y escogían como el punto a propósito para reunirse, el subterráneo, que conocían perfectamente, de la casa de Peraza, abandonada después de la prisión y supuesta muerte del herbolario. Pasada la primera impresión de asombro, doña Juana sintió la más viva alegría, considerando que Dios enviaba a aquellos caballeros para que fuesen sus libertadores. Levantose con trabajo del suelo en donde estaba arrodillada, y caminando lentamente, pues se hallaba fatigada y falta de fuerza, salió al encuentro a los que se dirigían al fondo del subterráneo. Júzguese cuál sería la sorpresa de estos, al ver avanzar la que parecía una fantasma. Retrocedieron espantados, buscando la escalera.


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