La hija del Adelantado

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Capítulo XVI

SÍ pasó el día entero doña Juana, sin querer tomar alimento alguno, ni reposar un solo instante sus fatigados miembros. Contaba con angustia las horas que le había concedido aquel malvado, y puesta su confianza en Dios, se preparaba a la lucha, lucha terrible, en que esperaba salir triunfante, con el auxilio del que tiene en su mano el corazón y las pasiones de los hombres.

Llegó la noche y creció la ansiedad de la infeliz joven, que calculaba iba acercándose el momento en que tendría necesidad de toda la energía de su alma para imponer al implacable herbolario. Doña Juana redoblaba sus fervientes oraciones y pedía a Dios la muerte, con tal de evitarse aquella espantosa prueba. El insomnio y la falta de alimentos, unidos a la angustia que le oprimía el corazón, hacían vagar la imaginación de la doncella, de uno en otro pensamiento, como el ave fatigada que, perseguida por el cazador, salta de rama en rama, sin considerarse segura en parte alguna.





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