La hija del Adelantado
La hija del Adelantado Peraza cruzó los brazos sobre el pecho, y con aparente tranquilidad, dijo a doña Juana:
—¿Y quién es ese protector invisible que te defenderá de m�
—¡Dios! exclamó la joven con acento de firme confianza.
—¡Dios! exclamó el escéptico herbolario, ¡Dios!; y sonrió desdeñosamente.
—Bien, añadió, veremos si Dios tiene poder para sacarte de aquÃ. Te doy veinticuatro horas para que te resuelvas; y volviendo la espalda a doña Juana, salió del subterráneo, dejando a la joven en la mayor agitación.