La hija del Adelantado
La hija del Adelantado —Margarita, le dijo un dÃa RodrÃguez con aparente sencillez, ¿sabéis lo que yo no puedo comprender aún? Es que vuestra ama, la linda viuda del Capitán Cava, haya olvidado al hermoso y noble Portocarrero, por un hombre como el Secretario, que todo tendrá menos las prendas que las damas desean encontrar en sus galanes.
—¿Olvidado, decÃs, Señor RodrÃguez?, contestó la vieja. ¿Y quién os ha dicho que mi señora no ame aún a Pedro? Yo os aseguro, que él solo llena su alma, y que si recibe favorablemente a don Diego, es, es porque mi ama es asÃ, y no gusta de desechar a un cortejo como el Secretario del Gobernador.
—Pero, ¿y Portocarrero?, dijo RodrÃguez, parece que no corresponde a ese amor y que su inclinación lo lleva más bien hacia otra parte.
—Asà es como lo decÃs, respondió la criada; y tanto, que más de un mal rato ha dado esa ingratitud a mi pobre ama, que no ha dejado de hacer todo lo posible para desviar a su antiguo amante de la hija del Adelantado, a quien, como sabéis sin duda, quiere con pasión don Pedro.
—Algo he oÃdo de eso, y lo que no acierto a explicar, es cómo Agustina, que es tan hábil como bella, no ha podido encontrar algún arbitrio para lograr que su antiguo cortejo olvide a doña Leonor y vuelva a rendir el debido homenaje a sus gracias.